Hasta hace no muchos años, ante un diagnóstico de cáncer la prioridad era únicamente ganarle a la enfermedad. Hoy la medicina logra curar o controlar muchos tumores que antes no tenían salida, y con ese avance llegó una pregunta nueva (y muy importante) al consultorio: ¿qué pasa con el corazón de quien atraviesa el tratamiento?
Es a partir de esa pregunta que nace la cardio-oncología, una alianza entre cardiólogos y oncólogos con un objetivo concreto. Que el paciente complete su tratamiento oncológico sin pagar como precio una cardiopatía evitable.
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¿Qué es la cardio-oncología y por qué es clave en la salud actual?
La cardio-oncología es la rama de la cardiología que se ocupa de prevenir, detectar y tratar el daño que algunos tratamientos contra el cáncer pueden provocar en el corazón y los vasos sanguíneos. No reemplaza al oncólogo. Trabaja a la par, desde antes de la primera dosis hasta años después del alta.
¿Por qué se volvió tan necesaria? Por dos razones que se combinan. La primera es que cada vez hay más sobrevivientes de cáncer, y una vida más larga da tiempo a que aparezcan secuelas cardiovasculares. La segunda es que muchos pacientes ya llegan al diagnóstico oncológico con el corazón comprometido: según la Fundación Española del Corazón, al menos una de cada tres personas recién diagnosticadas con cáncer tiene antecedentes de problemas cardiovasculares o factores de riesgo que la hacen más vulnerable a las terapias.
En Argentina la especialidad tiene su propio espacio dentro de la Sociedad Argentina de Cardiología, cuyo Consejo de Cardio-Oncología publicó en 2022 un manual de cardio-oncología escrito en conjunto por cardiólogos, oncólogos, hematólogos y radioterapeutas. Ese enfoque interdisciplinario es, en definitiva, la esencia de la especialidad.
Los efectos de la quimioterapia en el corazón y las posibles complicaciones
Conviene decirlo con claridad: no toda quimioterapia daña el corazón, y la mayoría de los pacientes termina su tratamiento sin complicaciones cardíacas. Pero hay fármacos y terapias que sí tienen un impacto conocido sobre el sistema cardiovascular, y saber cuáles son permite anticiparse.
Los efectos de la quimioterapia en el corazón dependen del tipo de droga, de la dosis acumulada y del estado previo del paciente. Estos son los grupos que más atención requieren:
- Antraciclinas (como la doxorrubicina o la epirrubicina): son muy efectivas contra varios tumores, pero pueden dañar de forma directa las células del músculo cardíaco. El riesgo crece con la dosis total recibida y puede derivar en una insuficiencia cardíaca, a veces muchos años después.
- Terapias dirigidas anti-HER2 (como el trastuzumab, habitual en cáncer de mama): pueden reducir la fuerza de bombeo del ventrículo izquierdo. La buena noticia es que, detectado a tiempo, ese efecto suele ser reversible.
- Antiangiogénicos: elevan la presión arterial, por lo que la hipertensión debe controlarse de cerca durante el tratamiento.
- Fluoropirimidinas (como el 5-fluorouracilo): pueden provocar espasmo de las arterias coronarias y dolor de pecho tipo angina.
- Inmunoterapia: en casos poco frecuentes produce miocarditis, una inflamación del corazón que es grave si no se trata rápido.
- Radioterapia sobre el tórax: puede afectar las arterias coronarias, las válvulas y el pericardio, con efectos que aparecen incluso décadas más tarde.
Hay un dato que resume por qué esto importa tanto. La Fundación Española del Corazón estima que, en conjunto, el tratamiento oncológico triplica el riesgo de complicaciones cardiovasculares. El punto no es asustarse, sino entender que la detección temprana cambia el pronóstico: una disfunción del ventrículo descubierta en una etapa subclínica se trata con medicación y, en general, permite seguir adelante con la terapia oncológica.
La importancia de la evaluación cardiológica antes de iniciar la quimioterapia
previa a la quimioterapia no es un trámite ni un requisito burocrático. Es la foto inicial contra la que se va a comparar todo lo que venga después.
¿Qué se busca en esa consulta? Definir el perfil de riesgo del paciente. La guía de cardio-oncología propone una evaluación basal que reúne la historia clínica (antecedentes cardíacos, hipertensión, diabetes, colesterol, tabaquismo y tratamientos oncológicos previos), un electrocardiograma, un ecocardiograma y estudios de laboratorio (troponina y péptidos natriuréticos, perfil de lípidos, glucemia y función renal).
Con esos datos, el cardiólogo ubica al paciente en riesgo bajo, intermedio, alto o muy alto frente al tratamiento específico que va a recibir. Esa clasificación va a ordenar todo lo que siga; cada cuánto se lo controla, si conviene indicar medicación protectora desde el inicio y si hace falta ajustar el esquema junto con el oncólogo.
Un paciente de 45 años sin antecedentes que recibirá una dosis baja de antraciclinas no necesita el mismo seguimiento que una persona de 70 años con hipertensión y un infarto previo. Parece obvio, pero sin la evaluación inicial esa diferencia no existe en la práctica.
Si vas a iniciar un tratamiento oncológico, una valoración cardiovascular completa antes de la primera sesión es la mejor inversión que podés hacer para cuidar tu salud a largo plazo.
Estudios cardiológicos fundamentales durante el seguimiento oncológico
Una vez que el tratamiento arranca, los cuidados durante la quimioterapia se apoyan en estudios que ya conocés, pero usados con una lógica distinta: comparar contra la foto inicial para detectar cambios mínimos antes de que se conviertan en síntomas.
Los estudios cardiológicos que forman la columna vertebral del seguimiento son estos:
- Eco Doppler cardíaco color: es el estudio central. Mide la fracción de eyección, es decir, cuánta sangre bombea el ventrículo izquierdo en cada latido. Cuando está disponible, se suma la medición del strain longitudinal global, una técnica que detecta una caída en la capacidad de contracción del músculo cardíaco antes de que la fracción de eyección se mueva. Según la guía europea, una caída relativa del strain mayor al 15% respecto del valor inicial ya es una señal de alerta.
- Electrocardiograma: rápido, indoloro y clave para controlar el ritmo y el intervalo QT, que algunas drogas oncológicas pueden prolongar.
- Biomarcadores en sangre: la troponina y el NT-proBNP se elevan cuando hay daño o sobrecarga del músculo cardíaco. Un aumento nuevo respecto del valor basal, aunque el paciente se sienta bien, obliga a mirar más de cerca.
- Holter de 24 horas y monitoreo ambulatorio de presión arterial: se indican cuando aparecen palpitaciones o cuando el tratamiento tiende a subir la presión.
La frecuencia de estos controles la define el cardiólogo según la droga, la dosis y el riesgo inicial. Y el seguimiento no termina con la última sesión: la misma guía europea recomienda que los adultos que recibieron tratamientos cardiotóxicos se hagan un ecocardiograma al año, a los tres y a los cinco años de finalizado, porque la cardiotoxicidad puede aparecer de forma tardía.
Síntomas de alerta: cuándo consultar al especialista por problemas al corazón
Durante un tratamiento oncológico es fácil atribuir cualquier malestar a la quimioterapia. El cansancio, en particular, se naturaliza. Por eso es tan importante que el paciente y su familia sepan distinguir qué síntomas de problemas al corazón merecen una consulta rápida con el cardiólogo:
- Falta de aire que aparece con esfuerzos que antes no costaban, o al acostarse.
- Fatiga extrema que no mejora con descanso y que es distinta de la fatiga habitual del tratamiento.
- Palpitaciones, latidos irregulares o la sensación de que el corazón “se salta” un latido.
- Hinchazón en tobillos, piernas o abdomen, o un aumento de peso rápido en pocos días.
- Dolor u opresión en el pecho, aunque sea breve.
- Mareos o desmayos.
- Registros de presión arterial más altos que los habituales.
Ninguno de estos síntomas confirma por sí solo un problema cardíaco. Pero todos justifican una consulta en los próximos días, no en el próximo control programado. Si el dolor de pecho es intenso o la falta de aire es brusca, la indicación es acudir a una guardia de inmediato.
Estrategias de protección cardiovascular en oncología para mejorar la calidad de vida
La protección cardiovascular en oncología se apoya en dos pilares claves que se complementan. Por una parte, el equipo médico, que toma decisiones claves, como ajustar el tratamiento, controlar la presión arterial y el colesterol, y evaluar la necesidad de fármacos cardioprotectores.
Pero por otra parte, el paciente también puede cuidar su corazón con hábitos saludables; como evitar el tabaco, limitar el alcohol, mantenerse activo según lo permita el tratamiento (la Fundación Española del Corazón recomienda 150 minutos semanales de actividad adaptada), llevar una alimentación baja en sal y ultraprocesados y asistir a los controles cardiológicos. Además, el acompañamiento adecuado ayuda a prevenir complicaciones y a cuidar la salud cardiovascular durante y después del tratamiento.
En el Grupo Cardiológico Boskis contamos con cardiólogos especializados y con la tecnología diagnóstica necesaria para acompañar al paciente oncológico en cada etapa (la evaluación inicial, el seguimiento durante el tratamiento y los controles posteriores). Si vos o un familiar están por iniciar una terapia contra el cáncer, te invitamos a solicitar un turno para una evaluación cardiológica. Cuidar el corazón también es parte de ganarle al cáncer.
Nota: la información de este artículo es de carácter orientativo y no reemplaza la consulta ni el diagnóstico de un profesional de la salud. Las decisiones sobre el tratamiento oncológico y cardiológico deben tomarse siempre con el equipo médico tratante

