“Doctor, el infarto salvó mi vida”. Esas palabras aún resuenan en el consultorio y en la mente del cardiólogo Mario Boskis. Se las dijo un paciente que cambió rotundamente sus hábitos luego de sufrir un ataque cardíaco. Y son las que el médico elige para graficar la magnitud que puede tomar un cambio de hábitos posterior a un evento de este tipo.

“Hay una vida después de un infarto de miocardio, y esta puede ser mucho más productiva y disfrutable que antes”, se entusiasma Boskis, que es miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).

Sin embargo, admite que atravesar un ataque cardíaco es vivido con frecuencia como un hecho muy movilizante, que requiere un abordaje específico, tanto desde el plano físico como desde el psíquico.

En esta nota, explica en detalle el abordaje de los pacientes que padecieron un infarto.

El infarto, en cifras

 Al hacer alusión a los factores de riesgo cardiovascular, Boskis asegura que las estadísticas están “fuera de control”. “El 25% de los hipertensos, a pesar de estar diagnosticados y medicados, no tienen su presión normalizada, y 1 de cada 3 personas tiene valores de colesterol por encima de lo considerado normal”,advierte.

En la fase de convalecencia lo ideal es asistir a un Centro de Rehabilitación Cardiovascular (RCV). Foto Shutterstock.

Además, alerta que estamos entre los 20 países con mayores índices de sedentarismo, 6 de cada 10 argentinos tienen obesidad o sobrepeso, y la prevalencia del consumo de tabaco es elevada.

“No olvidemos que la diabetes y el estrés por se o asociados a factores anteriores, multiplican el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (ACV)”, aduce.

Y suma un dato: el 28% de las muertes anuales se deben a un ataque cardíaco.

Infarto: ¿Y ahora?

El paciente que sufre un infarto, una vez superado el episodio, comienza una etapa denominada prevención secundaria, en la que rehabilitará su corazón e intentará reducir el riesgo de que esto vuelva a ocurrir.

Luego de sufrir un ataque cardíaco, y considerando que se haya diagnosticado y tratado correctamente, la persona se encuentra en estado de vulnerabilidad. Suele primar una sensación de pérdida de control sobre la vida, lo que puede traducirse en temor, ansiedad, pensamientos negativos, e incluso depresión.

El apoyo psicológico es sumamente importante. Foto Shutterstock.

A un estado psíquico delicado, se le suma un miedo al movimiento. Sin embargo, los ejercicios de movilización precoz y progresiva son fundamentales en el paciente que quedó internado, a diferencia de antes, que primaba el reposo absoluto.

Fase 1

La fase 1 abarca el lapso de tiempo desde que el paciente entra a la Unidad Coronaria, hasta que es dado de alta. Si bien ese tiempo se redujo por la incorporación de nuevas tecnologías, dependerá de la evolución de cada paciente.

Si se encuentra clínicamente estable, comenzará a las 24 horas a realizar ejercicios de movilización de piernas, brazos y cuello, hasta lograr sentarse en la cama y luego deambular.

Antes del alta, las personas deben poder caminar 150 metros. Foto Shutterstock.

Idealmente se comienza a caminar entre 25 y 50 metros, y se intenta completar 150 metros por día antes de dar el alta. La actividad física será para ese paciente, desde ese momento, un pilar de su tratamiento.

Atendiendo a la fragilidad psíquica mencionada, Boskis aconseja contar con apoyo psicológico, para que la persona pueda disponer de herramientas para afrontar esta etapa, que incluyen desde técnicas de relajación, respiración y visualización, a la posibilidad de comenzar un tratamiento que ayude a enfrentar situaciones de angustia o estrés.

Fase 2

Una vez que el paciente obtiene el alta, comienza la etapa de convalecencia, que puede durar entre 4 y 12 semanas, explica el cardiólogo.

Debe realizarse en un centro especializado para Rehabilitación Cardiovascular (RCV), dado que participa un equipo multidisciplinario, que es liderado por un “cardiólogo rehabilitador”, e integrado por kinesiólogos, psicólogos y nutricionistas.

El objetivo es que el paciente pueda incorporar pautas de nutrición y fortalecimiento muscular que deberá seguir a lo largo de la vida para evitar un nuevo evento. En un primer momento, se “estratifica” su riesgo cardíaco, luego de lo cual integrará un grupo de acuerdo a su edad, patología de base, y estado físico cardiovascular.

El inconveniente es que no siempre los centros de salud proporcionan estos programas.

 

Abordaje del paciente post infarto

“Lamentablemente, a pesar que la medicina basada en la evidencia nos muestra que el desarrollo de programas de RCV ha demostrado disminuir la morbi mortalidad luego de un evento cardiovascular, en nuestro país la realidad es muy distinta”, plantea el cardiólogo.

“Desde la SAC se concluye en un documento de consenso generado hace pocos años, que la práctica de la RCV como tal, está pasando por serias dificultades. A pesar que se encuentra inscripta en el Programa Médico Obligatorio (PMO) del cual tienen derecho todos los beneficiarios de un seguro social, la baja rentabilidad del programa de rehabilitación hace que muchos centros de salud no brinden la estructura necesaria para generarlos”, se lamenta.

Fase 3

Esta etapa puede durar hasta 6 meses, y se concibe como “de mantenimiento”.

“Es aquí donde se afianza lo aprendido en la Fase 2: la prescripción personalizada de una rutina de ejercicio físico, donde se optimizan la indicaciones de la frecuencia semanal, la intensidad, la duración, el tipo de ejercicio más recomendable y el ritmo de progresión hacia cargas cada vez mayores de esfuerzo”, detalla.

Los controles de la salud cardiovascular y de los factores de riesgo deben continuar de por vida. Foto Shutterstock.

También indica que se monitorean de manera continua las variables fisiológicas como la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la aparición de trastornos del ritmo durante el esfuerzo, como así también la aparición o no de síntomas.

“El objetivo final de esta etapa es la de afianzar el cumplimiento de la modificación de todos los factores de riesgo y en lo posible haber mejorado la aptitud física, la cual muchas veces se mide con la realización de una nueva prueba de esfuerzo, esta vez hasta llegar al agotamiento muscular”, describe.

Fase 4

Es la última es ambulatoria y continúa de por vida. La actividad física, realizada de manera segura, continúa en un gimnasio, un club, al aire libre o en el domicilio. La persona debe seguir controlando los factores de riesgo y la salud cardiovascular con el médico de cabecera.

Una oportunidad para cambiar

“En definitiva -esboza Boskis- se deben cumplir el conjunto de actividades necesarias para asegurar una condición física, mental y social adecuada, que le permitirá ocupar por sus propios medios un lugar tan normal como le sea posible en la sociedad, tal cual describe la OMS al concepto de rehabilitación cardiaca”, pondera.

Y añade: “Un ataque cardíaco debe ser aprovechado para hacer un replanteo profundo en las prioridades, y puede servir como un catalizador para un cambio importante en la manera en que se encaran las actividad de aquí en adelante”, reflexiona, para cerrar.