Más angustia que tranquilidad: especialistas dicen que hay pacientes que llegan estresados al consultorio. Foto Shutterstock.

Puede considerarse un síntoma que -valga el juego de palabras- es en realidad de época: en la era de la inmediatez, googlear un dolor de pecho o de cabeza puede parecer la manera más rápida de saber qué tenemos.

Sin embargo, encontrar la respuesta a síntomas clínicos en internet es una práctica que en sí misma conlleva  riesgos, y la mayoría de las veces deja más preocupadas a las personas que lo que las ayuda.

El autodiagnóstico puede llevar a la autoprescripción de medicamentos. Foto Shutterstock.

De hecho, según un estudio de Google, de las millones de búsquedas que se registran cada día en el mundo, una de cada 20 es sobre salud.

A la hora de analizar dónde se ​evacuan esas dudas, un estudio de 2015 realizado por la consultora Acuam Healthcare arroja un dato alarmante: “solo una de cada diez consultas sobre salud termina en una página médica acreditada”. Nueve de cada diez recurren a foros, portales o blogs.

Por estos motivos, profesionales de salud consultados por Clarín indican que si bien acceder a información vinculada a la salud en medios de comunicación reconocidos o sitios oficiales o autorizados, puede considerarse una buena práctica; esto no aplica a todos los sitios ni a todas las personalidades, ni tampoco reemplaza la consulta con el médico​.

“Suelo recomendar a mis pacientes no googlear, sino preguntarle al médico o a la médica, porque todas las experiencias que he conocido vinculadas al googleo realmente no trajeron ninguna buena consecuencia”, introduce Florencia Salort, médica ginecóloga del Hospital Italiano y creadora de la cuenta @flordegineco.

 

La confirmación de lo peor

 

Mario Boskis, cardiólogo miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), coincide.

“Yo recomiendo a mis pacientes que no googleen síntomas o términos médicos. Esto es muy frecuente, lo veo mucho en la práctica diaria, y muchas veces los pacientes vienen muy angustiados, porque entran en algunos sitios con información falsa o inexacta, en los que por lo general se maximiza la parte negativa de la sintomatología y dan diagnósticos que generan más angustia que tranquilidad”, esboza.

Uno de los principales riesgos consiste precisamente en confundir el diagnóstico: “La gente, por ansiedad, sigue leyendo y tiende a pensar lo peor; pero lo más probable es que lo que leen no tenga nada que ver con el cuadro que presentan, ni con lo que les va a pasar, entonces hay muchas instancias  del googleo en donde realmente se puede errar”, advierte Salort. 

 

El riesgo de la profecía autocumplida

 

No solamente el autodiagnóstico preocupa a los médicos, otro de los riesgos es el paso subsiguiente: la automedicación, que en ocasiones puede llegar incluso a agravar el cuadro de base.

“Creo que hay dos tipos pacientes en este sentido: aquellos que consultan en internet todo lo que se dice en la consulta, como un modo de verificar la información brindada”, comenta Martín Angel, oncólogo clínico especialista en tumores gastro urinarios del Instituto Alexander Fleming, y miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC).

Círculo vicioso: googlear síntomas puede generar estrés, lo que disminuye la inmunidad, y hace que bajen las defensas. Foto Shutterstock.

“Y por otro lado -continúa-, el que viene de antemano con la información ya leída. Este grupo de pacientes puede llegar a ser peligroso, ya que varios malinterpretan los síntomas o los estadios, generando mucha angustia hasta el momento de la consulta.”

La angustia misma que provoca la incertidumbre transformada en un diagnóstico aterrador también genera un estrés que es nocivo para el organismo, por lo que paradójicamente podemos estar colaborando con aquello que precisamente pretendemos combatir.

“Muchas veces, googlear nos genera un estrés que en nuestro cerebro se traduce en la segregación de la hormona del cortisol, también muchísima adrenalina, neurotransmisores que no nos hacen bien, que incluso nos dan miedo, nos bajan la inmunidad, y eso hace que disminuyan las defensas. Este estado es realmente contraproducente en cualquier enfermedad”, añade Salort.

 

Información versus conocimiento

 

El psiquiatra Pedro Horvat señala una diferencia central para analizar por qué la información a la que por lo general podemos acceder mediante buscadores no puede transformarse en una respuesta tranquilizadora y/o fidedigna: “Lo que Google ofrece son datos, no conocimiento. Para que yo pueda transformar un dato en conocimiento, necesito de la experiencia en la disciplina”.

Y ejemplifica: “Una persona busca sobre tal síntoma o tal enfermedad, y encuentra en Google que un señor de su misma edad de Australia se murió en dos meses a partir de ese síntoma, por supuesto el hallazgo es aterrador, pero ¿por qué? Porque se carece del contexto, de la experiencia, como para diferenciar ese caso del propio”.

En este sentido, Salort acota: “Muchas veces las enfermedades y las patologías dependen de la edad, del cuadro clínico general del paciente, del género, del fenotipo, del momento en el que se dio, de la causa, además de que cada enfermedad puede comportarse en cada persona de manera completamente diferente”.

“También -sigue- uno puede encontrarse con información que está totalmente desactualizada, ya que hay cuestiones científicas que van cambiando año tras año.”

 

Por qué lo hacemos

 

Ahora bien, ¿por qué, si ya se sabe que probablemente no encontremos ningún discurso tranquilizador, lo seguimos haciendo?

En este sentido, el psicoanalista y doctor en Filosofía Luciano Lutereau, se interroga: “¿Googleamos para quedarnos tranquilos?”

Ante la preocupación por un síntoma se debe consultar al médico. Foto Shutterstock.

“Yo me pregunto, ¿nos quedamos tranquilos después de hacerlo? La mayoría de las personas que escucho que hablan de esto en sesión, quizás con una estructura ansiosa e hipocondríaca, cuando googlean encuentran páginas que suelen decir que un dolor de espalda es un cáncer de huesos”, reflexiona.

“Cuando buscamos información supuestamente para quedarnos tranquilos pero no nos quedamos tranquilos, lo interesante es que estamos ante una conducta en la que hacemos algo desde un punto de vista consciente con un refuerzo inconsciente, que indica más bien todo lo contrario. Al menos hablando de esa forma de buscar información, pareciera una búsqueda para hacerse la cabeza”, analiza.

“Si googleamos síntomas, no es para investigar, sino para confirmar nuestras peores suposiciones. El pensamiento de lo peor sobrevuela lo que buscamos. Es un tipo de pensamiento confirmatorio en el que, a decir verdad, no creemos, pero sí satisface la inquietud de saber y genera acciones ansiosas en las que se realiza el control”, profundiza.

 

La crisis de la palabra

 

En este contexto, el psicoanalista reflexiona respecto a qué otras cuestiones pueden estar operando por detrás de este comportamiento.

“Quienes tienen esta conducta de estar googleando síntomas, despliegan toda esa búsqueda de información, pero yo ahí distingo entre información y palabra, que es central: buscan información, no buscan la palabra de alguien, porque lo que tranquiliza es la palabra, que es personal”, pondera.

Y agrega: “Detrás de esa búsqueda fuerte de información hay un debilitamiento fuerte de la relación con la palabra, no se le cree al otro, y en la vivencia del cuerpo esto es especialmente notable, porque siempre está la sospecha de que yo sé sobre mi cuerpo algo que el otro no​”, reflexiona.

Los pacientes que googlean se dividen en dos: quienes buscan un diagnóstico, y quienes corroboran lo que el médico les dijo. Foto Shutterstock.

No todos los sitios son iguales

 

Así como los profesionales diferencian entre diferentes características de personalidad a la hora de analizar el impacto que estas búsquedas tienen en las personas, también distinguen entre sitios confiables y sitios que no lo son.

Yo no tengo problema en que los pacientes pregunten, averigüen, hagan consultas, lo que les digo es que todo lo que lean o les hayan dicho, me lo transmitan en la consulta para que yo les cuente qué pienso”, se diferencia el neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires.

Angel coincide: “A mí me gusta que los pacientes lean, pero siempre les digo que lean todo y lo traigan a la consulta así evacuamos dudas, que no saquen sus propias conclusiones​”.

“Hay gente que se complica la vida con esto, que es muy temerosa, pero otros pacientes no -contrapone Andersson-. Jamás le digo a un paciente que no averigüe, que no pregunte, que no lea, tienen total libertad de hacerlo, y tampoco se si lo considero algo negativo, depende el paciente, así como depende dónde busque: si su fuente es la página de la Clínica Mayo, o de la Asociación Médica Argentina, pueden obtener buenos datos”, destaca.

En el mismo sentido y para cerrar, Boskis recomienda WikiCardio (www.wikicardio.org.ar), la página que la SAC diseñó especialmente para brindar información clara y fidedigna respecto a afecciones cardíacas.